| A propósito de la Ola polar y la indiferencia social |
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Llega el invierno, y con él problemáticas que solemos olvidar porque forman parte de una realidad ajena al sentido común que se ha consolidado como expresión unívoca de “la sociedad”.Preferimos pensar que el frío es sólo una estación más del año, pero no vemos que en verdad, para muchos, puede dejar marcas imborrables. Quienes viven en la calle, o pasan sus días en una casilla en la villa, el invierno es un enemigo. Y se convierte en un enemigo mortal cuando la temperatura declina de manera abrupta.
Todos sentimos el frío polar, pero una vez que llegamos a nuestras casas, tenemos un refugio donde recuperamos la temperatura de nuestros cuerpos y nos sentimos acogidos. Lamentablemente, esta no es la realidad de la mayoría de los porteños. De hecho, existe un gran número de familias y personas que no cuentan con la seguridad de una vivienda digna, de un techo en el que refugiarse del frío, una mesa en la que comer, ni una cocina en la que calentarse un termo de agua para tomar unos mates y entibiar el cuerpo. Es esta franja de la población de la Ciudad de Buenos Aires que vive en la calle o en una casilla en alguna de las villas porteñas. Son las mismas personas a las que se les niega su plena ciudadanía, ya que su condición de pobreza los vuelve inferiores a los ojos de quienes deberían garantizar sus derechos. La última semana el frío ha sido el verdugo de los pobres. Las bajas temperatura no hacen mas que profundizar la emergencia en que se encuentran las clases populares. Cuando los medios de lo único que hablan es sobre la gripe A, en la ciudad más rica del país tenemos muertos por tuberculosis, bronquiolitis o por una gripe mal tratada que deriva en neumonía, todas causas evitables, y muchas de estas enfermedades curables. Pero esto no es parte de la realidad porque no lo vivimos quienes, de un modo u otro estamos expresados por el sistema, porque eso le pasa a muchos pero no a los que estamos dentro del modelo “normal” de vida que vemos en los medios de comunicación, los mismos medios que mira ese pueblo que padece, casi como una paradoja de una realidad que se les escapa de las manos. Esta situación se agrava, cuando quienes más necesitan de la luz eléctrica y la proporción de energía ven coartado su derecho porque el sistema energético de la ciudad está colapsado; cuando las líneas de teléfono de Edesur se ven superadas por la demanda y los operadores no toman sus reclamos; cuando le arreglan el problema pero éste reaparece horas mas tarde, cuando se acerca la noche y la empresa decide no ingresar en el barrio. Se agrava aún mas en el momento en que la sociedad deja de comportarse como comunidad, y cada uno deja de mirar más allá de su propio ombligo. Porque convengamos que si la luz se cortara en Belgrano, el cacerolazo llegaría hasta el otro lado de la ciudad. Pero si la luz se corta, como pasa todos los años durante esta época, en Barracas, el Bajo Flores o la Villa 31, entonces la noticia no vende, y el problema pasa a ser propiedad de quienes no poseen nada. Pero el problema no termina allí. Los cortes de luz en las villas de emergencia no sólo coartan a sus habitantes la posibilidad de refugiarse del frío, de poder calentar sus casas, de poder disfrutar de una comida caliente, sino que también les restringe la posibilidad de gozar de la atención médica. Porque el frío los enferma, pero los cortes de luz les cierra la salita (o CESAC) en la que podrían atenderse, ya que sin luz, y al carecer de grupos electrógenos para este tipo de emergencias, éstos dejan de funcionar. Vivimos en un sistema que proporciona todo a unos pocos y nada a una gran mayoría. Un sistema que erige una selección que no es natural, y que nos mata como sociedad cuando mueren todos los días niños, niñas, hombres y mujeres por causas evitables. Las autoridades públicas prefieren no mirar la realidad, y montar una verdad que no es mas que aquella que sirve a sus propios intereses. Los que a diario miramos a la cara al pueblo, a ese pueblo profundo que sufre la muerte de los hijos, el paco, el hambre y todos los padecimientos que comparten una causa común: la pobreza, nos preguntamos por qué sólo son una noticia extraña, extranjera y ajena en los medios de comunicación. Nos preguntamos por qué son una parada obligada de campañas electorales y de campañas solidarias pero no integran esta “democracia” sin representación real de los intereses de los más vulnerables. Y cuando hablamos de representación no hablamos de una dirigencia que – como Macri- propone, desde su sentido común: “un programa para la pobreza” sino que pensamos en una democracia donde se incorporen al poder real las expresiones de todo un pueblo, donde quienes hoy padecen la pobreza se transformen en partícipes de una democracia real para construir un destino común para todos y todos los que habitan esta Nación. Mientras luchamos por eso, exigimos que se garantice la energía en los Centros de Salud, que se termine con los cortes de luz en los barrios carenciados y que se asegure un albergue digno a todas las personas que se encuentran en situación de calle . Asimismo, exigimos se suspendan los desalojos administrativos en la Ciudad de Buenos Aires dado que, sin políticas de vivienda, sólo suman más víctimas del frío y la pobreza a los que hoy ya existen. Porque cada vez que hay un corte de luz en los barrios pobres, se apaga un nebulizador de una víctima de tuberculosis o bronquiolitis. Porque si, además, el Centro de Salud no atiende por falta de luz, nuestros niños y niñas están en riesgo. Porque hay cada vez más personas en situación de calle, sufriendo el frío y todos los días se suman víctimas de la política de Macri para desalojar cientos de inmuebles del dominio del Estado, para construir su Ciudad, la de “los vecinos”, la de “la gente”, donde no hay lugar para un pueblo que tiene derechos y que también es ciudadano. |